La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Groucho Marx

EL HUMORISMO


EL HUMORISMO es el realismo llevado a sus últimas consecuencias. Excepto mucha literatura humorística, todo lo que hace el hombre es risible o humorístico. En las guerras deja de serlo porque durante éstas el hombre deja de serlo. Dijo Eduardo Torres: «El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la Creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo». Joaquín Mortiz, 1972



La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano. Victor Hugo



Poesía es uno de los más bonitos apodos que damos a la vida. Jacques Prévert







martes, 23 de abril de 2013

¿NOS PONEMOS SERIOS?




Siempre somos responsables de lo que no tratamos de impedir. Jean Paul Sartre

Esta es la verdadera historia:
La foto de Kevin Carter debería haber sembrado de silencio el mundo. Pasó todo lo contrario. Desató una tromba de chismorreos y palabrería que tras casi 15 años abrasa todavía foros de Internet e invade seminarios. Gañanes de la opinión, evangelizadores laicos, moralistas progres, bienpensantes reaccionarios, profetillas pichaflojas y hasta algún periodista de relumbrón reverdecen la teoría de que Carter se quitó la vida por el remordimiento de no haber salvado a la indefensa criatura de esa bestia.
Sí, 16 meses después de aquella foto, la noche del 27 de julio de 1994, su autor, el sudafricano Kevin Carter, que venía de recoger el Premio Pulitzer en la Columbia University, conectó una goma al tubo de escape de su coche, dejó una confusa nota y se suicidó. Tenía 33 años.
Desde que el New York Times publicó la foto (marzo de 1993), millones de personas sintieron un impacto en la barriga, un estremecimiento fugaz que muchos aún perciben como una especie de agresión a una parte íntima de su sensibilidad. Alguien iba a tener que pagar por ello. Hasta que, al fin, Carter, el agresor, pagó su culpa. Ya no tendría forma de defenderse. A partir de ahí, bastaba con repetirle al mundo la milonga hasta la náusea: «Claro, el dilema moral, la culpa, todo eso le condujo a la tumba, bla, bla…». Y siguen.
El fotógrafo Luis Davilla y yo estuvimos en ese lugar meses después que Carter, en julio. Luis retrató una escena parecida y los dos sabemos que no sucedió así. Quienes esparcen la patraña no saben de lo que hablan. O peor: mienten.
A mediados de marzo de 1993, Carter viajó con su colega Joao Silva, un mozambicano recriado en Sudáfrica, al sur de Sudán, un lugar acosado por las hambrunas y el terror de la guerra desde la llegada al poder de los radicales islámicos. Carter y Silva eran dos de los cuatro foteros conocidos en Johanesburgo como el Club del Bang-Bang, gente especializada en retratar la brutalidad durante el fin del apartheid en suburbios como Soweto o Thokoza. Pertenecían a esa clase de reporteros que no se amilanan ni cuando la muerte les mira de cerca o la sangre les salpica la lente. Así ayudaron a enterrar al régimen racista de Pretoria. Por entonces, Ken Oosterbroek, el líder del grupo, el más guapo y equilibrado, había sido dos veces Mejor Fotógrafo del Año. Y Greg Marinovich, el cuarto bang-bang, Pulitzer desde 1991 por una secuencia en la que un miembro del partido Inkhata era linchado, primero a cuchilladas y luego abrasado a fuego.
Cuando Carter y Silva llegaron a Ayod, entre infectos pantanales, a unos mil kilómetros del lugar civilizado más cercano, el poblado funcionaba como feed-center, un centro de alimentación de la ONU. Unas 15.000 personas exhaustas que huían de los combates, con grave desnutrición y enfermedades como la malaria, el kala azar (leishmaniasis) o el gusano de Guinea, se concentraban allí y aquello era un verdadero festival de ayuda humanitaria. Silva y Carter, cada uno por su lado, hicieron fotos toda la mañana de aquel espanto. Cuando se reencontraron, Carter le describió la escena y se sentó a llorar: esperó 20 minutos a que el buitre entrase en plano, hizo la foto, espantó al bicho (o no, qué más da) y se marchó.
OTRO PREDADOR
Durante el año siguiente, Carter se vio alanceado con dilemas y acusaciones obtusas, cuando no estúpidas, de quienes jamás han pisado un escenario semejante, incapaces de imaginarse una realidad tan atroz como la del sur de Sudán, pero que parecían hacerse cargo del vértigo terrible que expresaba su foto. Un insensato llegó a escribir: «El hombre que ha ajustado su lente para captar esa foto es otro predador, otro buitre en la escena». Y yo afirmo: difícil ser más imbécil.
Carter acudió a toda clase de foros para ofrecer su versión de lo sucedido, pero para entonces su vida era un completo desastre. Muchos años antes había intentado suicidarse, fumaba White Pipe, una mezcla de maria, mandrax y barbitúricos, tenía graves problemas familiares y una personalidad desordenada, perdía sus carretes de fotos en aviones y aeropuertos, arrastraba depresiones, llevaba una vida caótica y tenía acumuladas experiencias trágicas como para colapsar las consultas de varios psicoanalistas.
Por si fuera poco, el 18 de abril de 1994, Carter dejó a su amigo Oosterbroek y demás bang-bang de guardia en un suburbio de Johanesburgo y se marchó a conceder una entrevista a un colega, pues seis días antes le habían comunicado la concesión del Pulitzer por la foto de la niña y el buitre. En la radio del coche escuchó que Oosterbroek y Marinovich habían sido heridos en una refriega nada más irse él. Voló hacia el hospital, pero Oosterbroek había fallecido. Las preguntas estúpidas siguieron. Y los imbéciles, como carroñeros, haciendo de las suyas.
En fin, ¿qué otra cosa pudo haber hecho Carter por la niña? ¿Espantar al buitre? Al parecer, lo hizo, aunque los buitres (los hay a montones) habrían vuelto de todos modos. ¿Llevarla consigo? Bien, ¿adónde?, porque parece que nuestra conciencia acomplejada pretende imaginar que esa criatura yace en un páramo hacia ninguna parte. No es cierto. Esa criatura, reventada por el hambre y por las diarreas, que a los niños allí les desvencija el ano y les hace colgar una tripa larga pierna abajo, está a unos 20 metros de la puerta del poblado, junto a la empalizada de paja que rodea el feed-center y rodeada de gente que deambula a su alrededor. Nadie la ha llevado hasta allí. Simplemente, esa niña se ha sentado a defecar. Sí, maldita sea, es el estercolero de la tribu, donde todos los suyos, de generación en generación, acuden a realizar sus deposiciones. Son gente educada, al fin y al cabo, con sus normas cívicas, que no permiten que uno haga de vientre en cualquier lado. ¿Será preciso decirlo en plata? ¡Esa niña ha ido allí a cagar! Y el buitre, esa bestia cobarde que parece tan atenta, no hace sino esperar a que la niña le regale su magra ración de carroña cotidiana, como también sucede con la criatura que retrató Davilla en idéntica actitud en ese lugar demoníaco y escatológico.
No, Carter no se suicidó por un remordimiento de esa clase. Se limitó a recortar un trozo de paisaje para servírnoslo a domicilio. La expresividad fue su gran logro, pues la foto ejerce de metáfora certera de una realidad trágica y atroz de una guerra olvidada. No es ningún montaje: sucedió así y Carter sólo nos troceó y nos regaló el significante; el significado lo pusimos nosotros, espectadores occidentales, atormentados por nuestra sucia conciencia y acosados por los problemas de obesidad extensiva desde la tierna infancia. Carter no era otro predador ni el ejecutor de la niña, no, sino su único redentor. La redimió y esparció la culpa al mundo, para que volviésemos los ojos por un segundo hacia la tragedia de Sudán y ayudásemos a esas criaturas a llevar su cruz olvidada. Carter no logró salvarla, pero es que eso ya (a unos más que a otros, desde luego) nos correspondería a todos.
Tres meses después de la muerte de su amigo Oosterbroek, a finales de julio de 1994, Carter recogió su Pulitzer y el día 27, a la vuelta, anotó en un papel que dejó en el asiento del copiloto: «He llegado a un punto en que el sufrimiento de la vida anula la alegría… Estoy perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Y estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken…». El dióxido de carbono de su vieja furgoneta puso el resto, pero no sabemos hasta cuándo los opinadores y moralistas seguirán haciéndole pagar a Carter que nos diese ese aldabonazo y ese susto en la conciencia. De todos modos, los niños y los buitres seguirán estando allí. Aunque Carter ya no esté para retratarlo.

COPIADO AQUI:

3 comentarios:

ROSA M. dijo...

Captar ciertas imágenes debe marcar de por vida, solo el verlas ya te remueve así que estar trabajando allí no todos lo deben resistir.
Pensaba que hoy pondrías una rosa ;-)

Joaquín Campos dijo...

No me apetecian rosas hoy.

Camy dijo...

Naturalmente había visto la foto. Corre en diferentes pps y con distintas versiones. La que hoy comentas creo que en el fondo la había leído.
Es dura la imagen y sin embargo se podría repetir con esa niña y con miles más cada día y en distintos lugares.
La conciencia nos hace cargar contra los demás-el fotógrafo en este caso- nuestra falta de realidad con el que tenemos más cercano, nuestra implicación en nuestra propia ciudad y existen muchos estercoleros...
¡qué difícil es la vida de todos!.
Un beso,

Gracias Carlos Galeón

Gracias Carlos Galeón

GRACIAS ROSALIA

GRACIAS ROSALIA
ROSAS BLAU-GRANA
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Gracias Winnie0

Gracias Winnie0

Gracias Winnie0

Gracias Winnie0

Gracias Logan & Lory

Gracias Logan & Lory

GRACIAS CONTRAMIPERSONA

GRACIAS CONTRAMIPERSONA

GRACIAS CONTRAMIPERSONA

GRACIAS CONTRAMIPERSONA

REGALO DE CONTRAMIPERSONA

REGALO DE CONTRAMIPERSONA
GRACIAS AMIGO

WINNIEo 1 AÑITO

WINNIEo 1 AÑITO
FELICIDADES

MUCHAS GRACIAS POR TU HAIKÚ!!!

MUCHAS GRACIAS POR TU HAIKÚ!!!
GRACIAS A TI SUSANA MARACUYA

NO ES UN PREMIO, ES UN REGALO

NO ES UN PREMIO, ES UN REGALO
GRACIAS NEUROSCOPETIX

DIBUJO DE LORY

DIBUJO DE LORY
GRACIAS, LOGAN Y LORY

PREMIO LUZ

PREMIO LUZ
GRACIAS FAUVE

PREMIO BLOG DE OURO

PREMIO BLOG DE OURO
Gracias, Eva

PREMIO BLOG DE OURO

PREMIO BLOG DE OURO
Gracias, Ricardo

PREMIO BLOG DE ORO

PREMIO BLOG DE ORO
GRACIAS SIRVI

PREMIO BLOG GENIAL

PREMIO BLOG GENIAL
Gracias a Paralelo ADN

YOUR BLOG ROKS

YOUR BLOG ROKS
GRACIAS, ESCULAPIO HIJO DEL SOL

PREMIO LEMONADE

PREMIO LEMONADE
Gracias,Esculapio Hijo del Sol

ESTE BLOG É UMA JÓIA

ESTE BLOG É UMA JÓIA
GRACIAS, EL MARIDO DE LA PORTERA

ESTE É UM BLOG MAGICO

ESTE É UM BLOG MAGICO
GRACIAS MARA Y CUYA

ESTE É UM BLOG MAGICO

ESTE É UM BLOG MAGICO
GRACIAS S., PECADORA

PREMIO DULZURA

PREMIO DULZURA
GRACIAS, MARGA FUENTES

BLOG DE ORO

BLOG DE ORO
GRACIAS,Mariana Castrogiovanni, Sirvi, esculapio hijo del sol

PREMIO DARDOS

PREMIO DARDOS
GRACIAS,Mariana Castrogiovanni, Sirvi, Esculapio hijo del sol.

PREMIO A LA CREACION ARTISTICA - BLOGGERS ARTS

PREMIO A LA CREACION ARTISTICA - BLOGGERS ARTS
GRACIAS RAMPY

PREMIO PARALELO ADN AL BLOGGER AVISPADO

PREMIO PARALELO ADN AL BLOGGER AVISPADO
GACIAS L&L

PREMIO VIOLETA

PREMIO VIOLETA
GRACIAS, MARGA FUENTES

LIBRO Y ROSA

LIBRO Y ROSA
GRACIAS GATA COQUETA

MARACUYA,NO TE HE PEDIDO PERMISO, PERO SE QUE TU ME DEJARAS PONER ESTE TEXTO EN ESTA ESQUINITA...

Con vos liados
van mis pasos
hasta la orilla húmeda y caliente.
Hasta el borde donde, osadamente,
se cuela tu recuerdo dentro del vestido
como arena fina,
acariciándome...

MARACUYA ME ESCRIBIO (2)HAIKÚS

Arden mis ganas
soñándote en la piel
de mi regazo.

Tu poema tiene
una mirada bella,
cálida, sensual.

Etiquetas

Archivo del blog